Hace 12 años experimenté mi primera crisis de pánico declarada.

Fue una noche que intentaba dormir pero la preocupación por un trabajo que debía realizar para la universidad me lo impedía. La inseguridad, el miedo y la sensación de incapacidad me fueron abordando hasta el extremo de generar pánico. El descontrol de mis pensamientos se tradujo en descontrol físico, mi cuerpo sudaba humedeciendo toda mi ropa, las palpitaciones eran tan fuertes y aceleradas que creí que iba a morir; no lograba respirar bien porque la opresión que sentía en mi pecho era aniquilante, punzadas en todo el cuerpo, calambres estomacal y muscular, espasmos en las piernas; sacado de una historia de exorcistas.

Después de aquella noche las crisis de pánico eran recurrentes; mañana, tarde y noche. Para que entiendan la historia, invalidé toda mi vida por ello, fue un periodo largo de fármacos, médicos, psicólogo y profunda oscuridad.

Llegué a REIKI como recomendación de mi médico, lo desconocía pero acudí. Sumergida en lo incógnito recibí amor renovador, liviandad inigualable y consuelo.

Con el correr del tiempo recibí la invitación a iniciarme en el camino de REIKI y a pesar de no creerme capaz, asistí al llamado misterioso que el Universo ponía frente a mí. La “magia” llegó a mi vida y fue para quedarse.

Con cada nivel que recibía algo en mí se movilizaba, la transformación se manifestaba asombrosamente, despertaba en cada paso. Habían sido años de fármacos para ”vivir” la vida hasta que decidí empoderarme de cada decisión y de cada acontecimiento que iba construyendo.

Cuando sentía que venía esa crisis, meditaba y reconectaba con la confianza en la Perfección divina. Cuando sentía ansiedad practicaba respiración purificante limpiando cada pensamiento, cada célula de mi cuerpo, cada emoción negativa. Rechacé naturalmente las conductas dañinas dejando el miedo de lado para dar paso a la seguridad y la autoprotección.

Si me preguntas… Jamás imaginé ser capaz de enfrentar el devenir sin medicamentos, mis temores fueron más grandes pero REIKI me devolvió la calma de la sabiduría interior, la sabiduría Universal. Los años de sufrimiento y desesperanza se esfumaron en Luz pues esta Energía llamada REIKI, sanadora y perfecta habita en mí y mi alma encontró su camino.

REIKI me entregó herramientas de autosanación y equilibrio, salvavidas para que las caídas sean menos profundas y más amorosas, para que mi puesta en pié sea mucho más rápida. Lo que atraigo es dicha, es aprendizaje en comprensión; empoderamiento lejos de la victimización, calma y entendimiento.

Probablemente tú tengas tu propia historia ¿Quieres transformarla?